miércoles, 2 de junio de 2010

LA MODELO

Hola, me llamo Claudia y soy modelo. No soy una de esas modelos de pasarela. Al menos ya no lo soy desde que la comunidad de Madrid decidió imponer una ridícula norma que decía que hay que estar semi-gorda para poder desfilar. Desgraciadamente ya hace cuatro años que no se me permite subir a una pasarela. Ahora me gano la vida en sesiones fotográficas para revistas de moda y anuncios de televisión.

La semana pasada me telefoneó mi agente y me ofreció un trabajo para un comercial de helados almendrados. El estaba entusiasmado. La tajada que iba a sacar por este curro era mucho más que sustanciosa.

- Está muy bien pagado porque es una campaña para toda Europa. profesionalmente te viene de lujo – me dijo casi cantando.- ¡Claudia, preciosa, esté rodaje te va a proyectar a nivel internacional!

Hoy es el día de rodaje y me he tenido que levantar a las cinco de la mañana. A las seis ha venido a recogerme un chaval de producción. Apenas me ha saludado cuando he entrado en la furgoneta. Le temblaban las manos y olía a ron, o güisqui, o a cualquiera de esos cócteles hipercaloricos. Para mi, que el tipo venia directamente de la discoteca. Hemos llegado a plató a las seis y media y directamente me han metido en el furgón de maquillaje. Me han ofrecido un café con leche y un donut. Al final me he tenido que conformar con un café solo con sacarina. Como de costumbre no tenían leche desnatada. Del donut, por supuesto, he pasado.

Después de la sesión de maquillaje y peluquería me han llevado a vestuario y me han embutido en un disfraz de ninfa Prerrafaelista. Cuando por fin han terminado me he mirado en el espejo. Estaba bellísima. Al salir de la caravana me ha parecido oír un murmullo generalizado por parte del equipo. Por un momento he pensado que me iban a aplaudir.

El rodaje ha empezado a las diez de la mañana. Primero me han hecho sentarme en un decorado ambientado al estilo de un kiosco de música forrado de flores. A continuación alguien se ha acercado a mi y me ha tendido un helado cubierto de chocolate con almendras. Lo he sostenido por el palito con mis impecables manos (justamente ayer fui a rellenarme las uñas de gel y a hacerme una manicura francesa) y me lo he puesto frente a la boca.

CAMARA, AUDIO… Y ACCION.

Entonces me he dispuesto a recitar mi texto:

- Pequeños placeres para mujeres etéreas… - he sonreído de forma sensual y me he quedado quieta esperando el “corten”.

El director se ha acercado a mi sin importarle que la cámara siguiera rodando…

- Muy bien cariño, pero creo que no te has leído el guión…
- Mmmmm, bueno, creo que he dicho bien mi frase… ¿es que tenia que decir algo más?
- No, cielo, tu frase está perfecta, pero justo después tienes que morder el helado y saborearlo.

Me he quedado petrificada. Nadie me había dicho que tuviera que morder el helado, y además también saborearlo. ¿Implica esto que tengo que tragarme el bocado? Yo nunca me he comido un helado, al menos en los últimos diez años no recuerdo haberme comido un helado ni nada que remotamente se le parezca.

- ¿Lo puedo chupar en lugar de morderlo?
- ¿chupar?, no, claro que no, tienes que morderlo, estos helados están rellenos de crema de vainilla y el cliente quiere que quede bien patente. Te queda claro, ¿verdad?

Santo cielo, crema de vainilla, lo que me faltaba. En el único formato que yo consumo chocolate o vainilla es en infusiones. Esta información me la he guardado para mi, ya que por alguna razón he intuido que no iba a ayudar en el buen resultado del rodaje.

Me han retocado un poco el maquillaje, me han traído otro helado y de nuevo la cámara se ha puesto en marcha. Las manos me sudaban ligeramente. Respiré hondo y solté mi frase. Después miré el helado, me lo acerque a la boca y mordí la puntita con mucho cuidado.

- CORTEN!!!!...¿pero que te pasa?, ¿por que pones cara de asco?, solo tienes que darle un buen mordisco.

He balbuceado un “lo siento” que nadie ha escuchado y en un abrir y cerrar de ojos ya me habían colocado un nuevo helado en la mano.

La escena se ha repetido una y otra vez. Me temblaban las manos, tenia ganas de llorar. Quería irme de allí cuanto antes. Todo el mundo me gritaba y los chicos de producción ahogaban sus risas por las esquinas.

Una mujer se ha acercado, me ha tomado del brazo y me ha dicho:

- Cielo, ven conmigo, te vas a tomar un descanso.

Me ha sentado en una silla y me ha hablado de la manera más dulce sobre lo caro que es cada minuto de rodaje, de lo ansiosos que se estaban poniendo los clientes, de mi falta de profesionalidad, de lo decepcionado que estaba todo el mundo… y así durante lo que a mi me han parecido dos mil horas.

La mujer, que se llama Silvia y es la ayudante de dirección, ha abierto su bolso y ha sacado una pastilla diminuta de un blister.

- Tomate esto y deja ya de temblar. Ya veras como ahora todo sale bien.

Me he tomado la pastilla con un vaso de agua. En ese momento hubiera hecho cualquier cosa para que el ambiente se apaciguara, y cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa. Todo menos morder ese maldito helado y poner cara de placer al mismo tiempo. Esos dos gestos juntos, para mi, son completamente incompatibles.

A los diez minutos me he sentido flotar en una nube. La boca me salivaba de manera incontrolada y el texto se me había olvidado por completo.

Me he subido de nuevo al kiosco de música y mi sonrisa sensual se había transformado en una sonrisa estúpida, me sentía muy relajada pero al mirarle la cara al director me di cuenta de que algo no andaba bien.
Nada bien.

Me han metido de nuevo en el coche con el chaval que me había llevado hasta allí. Parecía que no se había movido de su asiento en todo el día. Ahora el coche olía a marihuana. Le he preguntado al chico como se llama, tenia ganas de desahogarme. Él ni siquiera ha contestado. Se ha detenido en la puerta de mi casa. Con un gesto me ha indicado que bajara del coche y una vez más ni siquiera se ha despedido. Desconcertada y con una extraña sensación de fracaso he pulsado el botón del ascensor.

Mientras subía ha sonado mi móvil. Al sacarlo me he dado cuenta de que tenia quince llamadas perdidas. Eran de mi agente.

- hola Sergio
- Claudia, por fin… me han llamado del rodaje, ¿se puede saber que ha pasado? – su voz sonaba furiosa, casi gritaba.

No he sabido que responder, simplemente he cortado la llamada. ¿Como explicarle a alguien que mi único crimen es el hecho de que yo no sé comerme un helado?.

1 comentario:

mün dijo...

me encantó!!... vi cada imagen en tu texto... angustiosa historia...

un beso... sigue escribiendo!!